viernes, 25 de octubre de 2013

Con el pico cortaba las ramas...

No quiero a un hombre que dice llamarse “culto”, que hable todo el tiempo de literatura, ni de autores, ni de libros, ni de aquí, ni me allá. No quiero a un hombre que sepa de pintura, ni de pintores, ni cuadros, que si son lienzos, carboncillos, acuarelas o lo que sea, ni que entienda en un diseño de abstracciones, ni de Barroco, Rococó, del medioevo, ni del estilo victoriano, ni menos de la “psicología” surrealista de Dalí. No quiero a un hombre que me aburra todo el tiempo tratando de impresionarme con sus charlas elevadas y cargadas de arte, artistas, filosofías o contemplaciones profundas del sentido de la vida. No quiero a un hombre que rebusque poemas para dedicármelos y nunca encuentre el indicado para mí porque cada vez aparece uno que le gusta más que el anterior y cambia de parecer. No quiero a un hombre que parezca una letra muerta.


Quiero a un hombre que sea mi cómplice en lo aburrido de la vida y me incite a escapar de la multitud
“intelectual” para mostrarme lo que es el sentido de la vida sin tener que contemplarlo en un cuadro, un poema o un libro. Quiero a un hombre que se arriesgue a hacer cosas conmigo, a coger un bus con un rumbo desconocido y perdernos juntos. Quiero a un hombre que solo sonría sin entender cuando me pongo cansona y hablo de filosofías y demás temas sociales desde mi punto de vista humanista. Quiero a un hombre que no entienda nada de humanismo, pero que lo practique sin saberlo, ni menos hacerlo por lo que piensen los demás, pues esta profesión eso me ha dejado, la certeza de que los más “eruditos” son los menos humanos al actuar, estudiaron solo para ser elocuentes y tener una magnifica retórica, sin embargo, la vida no se trata de retóricas; se trata de acciones. Quiero a un hombre que se le ocurra seguir mis locuras y hacer cosas diferentes sin miedo a fallar, porque fallar es humano y tanto reír como llorar también. Quiero a un hombre… capaz de ser hombre.

Elsa Camargo


viernes, 19 de julio de 2013

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Noventa y nueve

La vida te bendijo con ese ciclo casi inalcanzable que lograste, una mujer controvertida del siglo XX, madre de siete hijos, de amores y desamores, de aventuras, viajes, risas y tierras recorridas, la Madame Bovary de 1914, esperando el amor de un hombre, pero no cualquiera, un hombre que tuviera esa magia inentendible de la eternidad, un hombre como todas las mujeres soñadoras lo soñamos, pero que jamás conocemos.

Afrodita, mujer del campo, de sazón al cocinar, casa de puertas abiertas.

Recuerdo tu maquillaje siempre rojo, vibrante, siempre rojo pasión, dama liberal, madre de mi padre, mujer de aire con aire de mujer.

Sobreviviente de cáncer, madre soltera, cantante de bolero, católica creyente, más creyente que católica, pues el que cree vive y el católico solo sigue ritos.

Noventa y nueve años en contra de la sociedad carcelera, lo sé yo, porque aún un siglo después la mujer que habla sin miedo es condenada sin piedad ni gloria, la mujer que se opone y se niega es juzgada en esta pobre sociedad estructurada que atrapa, envenena y aniquila.

Llegaste libre y libre te fuiste, sin recuerdos de este mundo que consume las voces femeninas que quieren gritar, te fuiste conservando únicamente los mejores momentos de la vida, de tu vida, de tus vidas porque no se tiene una sola, se tiene una con cada ilusión que se siembra, se tiene una nueva con cada beso que se da desde el corazón y con el alma, un corazón que vuelve a la tierra y un alma incorpórea que vuelve a lo abstracto y desconocido, tan desconocido para nosotros, los simples mortales.






by:

Elsa Camargo


domingo, 21 de abril de 2013

De todo se ve en la viña del señor...


El gran aprendizaje q esta experiencia me deja es que nunca debo tratar de ser alguien o algo q no soy simplemente para encajar con alguien, ya no me importa quedarme sola el resto de mi vida si es necesario, pero no voy a ser o hacer algo simplemente por agradar a alguien, si alguien algún día llega a quererme de verdad q sea por lo q soy, así ahora, en este instante, me cansé enserio, no voy a usar tacones, ni pretender ser la mujer más elegante y glamurosa por o para algún hombre, no me importa, me gusta usar tenis y ropa cómoda q me dé la oportunidad de correr si es necesario, no voy a dejar de usar mis escandalosos aretes gigantes porque así me gustan, y me importa cinco si son ñeros o de baja clase, de loba o lo q sea, sí, soy ñera, gamina, me da igual, soy casi una profesional, hablo 3 idiomas, puedo hablar con un político de la vida, del mundo, de religión y cuanta pen
dejada se le ocurra, sé comer mariscos y langosta en un restaurante cinco estrellas, también sé que el vino blanco va con el pescado y que el rojo es para la carne de res, que hasta servirán de caballo, pero q más da con vino todo sabe bien, y no me da la gana de ponerme tacones de 20 centímetros para aparentar la estatura q Dios no me dio, q heredé de mi madre y q orgullo q es heredar algo de una mujer como ella, tampoco uso minifaldas porque me da pereza estar pendiente de si se me ven los cucos o no, además porque no me puedo sentar en el piso y mi costumbre de estudiante de universidad pública se graba en mi mente como semilla a la tierra, me gusta hacer bromas, no porque sea inmadura como muchos pensarán, sino porque como dice Charles Chaplin, un día sin sonreír es un día perdido, odio madrugar, pero puedo trasnochar hasta las 4 de la mañana si es necesario, me gustan los cocteles fuertes y nunca pruebo el mismo, estudié literatura no para ser una profesional, sino para recuperar mi alma, amo a mi familia, amigos y a mi perro; a pesar que ya me ha mordido 2 veces, curiosamente a los dos meses de cambiar de casa le da por morderme, es como si él supiera que yo impulsé esos cambios de territorio y se molesta conmigo hasta q me muerde y queda feliz otra vez.

Muchas personas me dicen q soy dulce y es demasiado curioso porque yo no lo pienso, ¿qué haré para ser extrañamente dulce?, ¿será que me unto panela?, cada que me dicen eso me da mucha risa, es que simplemente no lo considero, ¿o será por lo ingenua?, lo de ingenua sí lo acepto, soy la más de todas, pero no me incomoda así que dejo que la ingenuidad tenga espacio en mí, y como ya dije anteriormente me gusta la comodidad como a muchas personas, mi casa es mi hogar sagrado, mi cuarto es mi altar y mi ser mi propia religión.