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He aprendido
He aprendido
a no esperar estar en la cima de una montaña
que el aire se respira escalándola,
A no sentirme sola cuando no hay nadie
que la soledad es estar conmigo al final del día.
He aprendido a no estar cuando quiero huir
que el vivir es solo un segundo
como arena en las manos,
como pétalo en la tierra
como huella en la playa.
He aprendido al final de la noche
que la vida tiene color de cielo de madrugada
cuando somos nosotros quienes lo contemplamos
no en el firmamento,
sino en esas pequeñas luces como estrellas
que se ven en las montañas a las cinco de la mañana
y tan cerca nuestro,
las luces de nuestras casas
que visten de gala el suelo cada mañana
aquellas casas, montañas y mañanas
de sueños que aniquilamos un día cualquiera.
Elsa Camargo, 9 de febrero de 2011
Tiempo después cuando disfrutaba mi vida cada segundo y ya no tenía miedo a la soledad porque me había enamorado de mí misma, conocí al hombre con la sonrisa más hermosa del mundo. Me apasionan las casualidades del destino porque pienso que no existen, pienso que en ocasiones todo el universo conspira y se ubica de manera casi perfecta para que las cosas ocurran como debe ser, en ese segundo exacto y en el lugar ideal los seres humanos hacemos historia.
El dueño de la hermosa sonrisa no es colombiano, ni tampoco de América Latina, es de tierras lejanas, del medio oriente, de esas tierras desérticas, mágicas y silenciosas. Su sonrisa es tan natural que engalana cualquier lugar y enamora al instante, es como una flecha fulminante que envenena de inmediato.
Soy tan ambiciosa que desde la primera vez que la vi quería seguir viéndola, soy tan caprichosa que un solo día no me bastaba y soy tan egoísta que no quería compartirla con el resto de la humanidad, pues sí, compartirla porque este hombre de la hermosa sonrisa, sonríe cuando compra una manzana en la calle, cuando da las gracias, cuando se siente apenado por una simple tontería pasajera, sonríe cuando le cambian un billete, cuando ve a un niño en un coche, cuando se encuentra con un perro, sonríe cuando saluda a un vecino y cuando trata de decir una palabra en español.
Sería una falta de seriedad de mi parte hablar de él y contar de qué país es, cómo se llama, cuántos años tiene, qué religión profesa, en qué trabaja o qué idioma habla.
Puedo decir que esa sonrisa es de esas sonrisas que no se olvidan ni un minuto del día, es de esas sonrisas que son como melodías que danzan al compás de las estrellas que se ven en la madrugada, es de esas sonrisas que cautivan a tal punto de hacerlo sentir a uno miserable cuando desaparece, y no debo tampoco intentar mostrarla con una foto porque no sería lo mismo que verla, que sentirla dirigida hacia alguien o algo.
Y esa es la sonrisa que me acompaña cada día desde ese entonces…
Ton amour
ton amour peut être comparé à l'immensité de la mer
quand il est tranquille
ton amour a le secret de la tendresse
il a le regard innocent d'un enfant
ton amour garde un souvenir de mon enfance
ces moments lointains de ma vie
quand je rêvait de continuer d'être une petite fille pour toujours
ton amour a le doux goût des fraises,
mon fruit favori
ton amour a le goût de la crème d'un whisky irlandais,
parce qu'il est doux, exquis
et brûle comme le feu dans l'intérieur
ton amour a l'image d'une peinture de Picasso,
un art pour des goûts exclusifs
ton amour a la foi de tout une village qui prie uni
ton amour a l'écho de la meilleure et romantique chanson d'Aerosmith
ton amour a la paix que Mahadma Gandhi gâtait
il a l'enchantement pour être la neuvième merveille du monde
il a la susurration du son de l'air
quand il court par les arbres
il a l'union des oiseaux
quand ils font son nid ensemble
ton amour a la magie que n'importe quelle personne chercherait,
- les sourires sincères -
et il a aussi
à mon coeur comme son guardían.
Con amor Elsa a Hassan
Así es que el lápiz ha trazado mi camino a través de las palabras y los lienzos le han dado ese toque de color a mis pasos. No concibo una vida sin versos, cuadros y arte desde aquel veintiuno de julio en la puerta de Sur América.
Y la historia empieza aquí:
Mi mamá siempre me decía que las
planas las ponían los profesores desocupados y que eso no servía para nada,
entonces era ella quien se encargaba de esas aburridas labores en menos de diez
minutos y después ella hacía el mejor rol de maestra enseñándonos a mi hermana y
a mí el amor por aquel fascinante universo de las letras. Nos reuníamos las
tres en las tardes a leer el oso nuboso, blanca nieves y los siete enanitos,
claro la versión para niños de esta historia, la sirenita, Don huevo, y una
inmensa cantidad de libros para colorear, escribirle los nombres a los
personajes y dibujar conejitos rosados, ovejas verdes, aclaro la idea de ovejas
verdes era de mi hermana, pero esto no era lo más divertido de todo, lo más
divertido era cuando mi mamá se iba a bañar, a la cocina o a alguna de sus
labores del hogar y entonces a mi ingeniosa hermana menor se le ocurría que las
historias serían más interesantes si intentábamos hacer la función completa, así
que nuestra favorita era sin lugar a dudas la de Don huevo recuerdo que nos
íbamos a escondidas nos robábamos la caja de huevos de la nevera, ella los
ponía en la mesa del comedor y yo empezaba a narrar la historia para nuestro
público imaginario, bueno ni tan imaginario porque eran nuestras muñecas, en
donde había una reina de belleza que hablaba inglés, una maestra de escuela a
la que todos querían, una madre con dos hijos, una ejecutiva de nombre, una
cantante y una veterinaria. Al salir mi joven madre, ella entendía al ver el
desastre de huevos estrellados en el piso y sus dos pequeñas riendo orgullosas
que no solo ella tenía mucha creatividad para mostrarnos el mundo del arte y
las letras ya sean escritas o habladas, sino que sus hijas seguían su ejemplo.
y grandes que me ha
regalado
sin pedirme nada a
cambio
a mi madre debo por
ejemplo
mi primer vestido rojo
hecho con sus manos a mis cuatro años
y debo por ejemplo
la compañía de mis dos
hermanos
a mi madre debo lo que
he aprendido acerca del respeto y la fortaleza
A mi madre:
A: mi mamá, mi amiga,
mi hermana, mi consejera, mi cómplice.
A mi madre le debo las cosas pequeñas
a mi madre le critico el olvido por sí
misma
y que se haya adueñado de la inocencia
femenina del mundo
porque no ha dejado ni un poco a las demás
A mi madre solo puedo quererla
y quererla a mi manera
porque ella me ha enseñado a ser auténtica
y no podría describir cuánto la quiero
porque simplemente la quiero
de una forma que ya se me olvidó contar
cuánto era
a mi madre quiero escribirle algo
desde la parte sentimental de mi ser le
escribo estos cortos versos,
aunque sé que se merece todo un libro,
pero un libro no puede doblarlo y
guardarlo en su bolsillo
junto a su labial y su monedero
A mi madre tengo mucho que aprender
como la paciencia por el mañana,
a superar el ayer,
a limpiar las lágrimas secas
y a curar las heridas viejas,
pero sí le he aprendido a disfrutar del
hoy
a mi madre podría regalarle un nieto
para que lo malcríe como hizo conmigo
o podría almacenar los recuerdos de mi
infancia
y esconderlos en un cofre solo para ella
eso sí; no estarían ordenados
porque nunca aprendí que significaba esa
palabra
y espero que mi madre no se sienta
frustrada
por aquello
A mi madre le debo estos versos
porque ella me ha enseñado a ser cumplida
y mi corazón ya se lo había prometido en
silencio.
Elsa Camargo
2010
Sí, cuatro y cinco años teníamos
con mi hermana cuando todo esto empezaba a tener sentido, las consonantes, las
vocales, los trazos circulares, rectos y hasta sus formas, pero era en ese
preciso momento cuando todo era infinitamente divertido, pues tanto las
palabras como sus formas y significados eran un mundo mágico en el cual
podíamos entrar cada que lo deseáramos, voy a tratar de ser lo más sincera
posible a veces pienso que a mi mamá no le agradaba mucho jugar a la peluquería,
ni las muñecas con chupo que lloraban y se decidía por entretenernos con
cuentos porque en el juego de la peluquería era ella nuestra cliente y en las
noches cuando mi papá llegaba para dar un paseo en nuestro Jeep blanco le
rogábamos que saliera así, sí, así como había quedado después de una tarde de
peluquería y con respecto al chupo de las muñecas bebés que lloraban le
acabábamos las pilas en media hora, pero al llegar mi padre nos compraba unas
energizer, así que eso significaría no escuchar otra cosa en el paseo nocturno familiar
más que el llanto de unos bebés de caucho, en cambio cuando nos llenaba de
cuentos, eran silenciosos, sorprendentes y maravillosos, y estoy segura que
prefería limpiar a nuestro actor favorito Don huevo que pasar por la vergüenza
de salir a la calle con nuestro look de peluquería o dejar de escuchar su música
preferida en la guitarra de Carlos Santana y la melodiosa voz de Dennis Rusos.
Era muy divertido comprar
cuadernos, lápices y colores, mi madre se sentaba todas las tardes con nosotras
y nos daba chocolates si terminábamos bien las tareas, aunque sin lugar a dudas
el mejor premio eran nuestras actividades posteriores, recuerdo que mi padre
leía todas las noches, tenía una biblioteca grande y mi madre nos decía que
cuando aprendiéramos a leer todos los cuentos infantiles podíamos tomar uno de
los libros de mi padre para leer, a excepción de “Grushenka” una novela erótica
rusa, claro era un proyecto algo ambicioso, pero cuando me dejaban acercarme a
los libros de mi padre era muy agradable intentar leer los títulos recuerdo
haber visto “El general en su laberinto”, “El coronel no tiene quien le
escriba”, “Tuareg”, “Ojos de fuego”, “Gabriela, clavo y canela”, “Siervo sin
tierra”, la colección de “Los Reyes Malditos”, Crónica de una muerte anunciada”,
entre otros.
La familia crece y llega Jorge,
mi hermano menor quien sería un cómplice más de la misteriosa desaparición de
algunos libros de mi padre, nos encantaba irnos hasta su habitación y entre los
tres tomar uno, especialmente “Ojos de fuego” y “Cada uno con su infierno” pues
nos llamaba la atención sus títulos, el diseño de la portada y la expresión de
la cara de mi madre cuando los tomábamos, salir corriendo a esconderlo a nuestras
habitaciones, ¿para qué?, no lo recuerdo muy bien, pero creo que era para
intentar leerlos, claro que como era obvio no podíamos pasar de la primera
página porque no entendíamos ni medio párrafo, entonces los cogíamos para
escaleras, rellenábamos las hojas blancas con nuestros dibujos, porque qué
aburrido un texto sin dibujos, y de sillas para los juguetes, sí los juguetes
que tanto nos gustaban, la barbie mariposa de mi hermana, la reina de las
flores mía y el robocop de mi hermano. Sobre esos libros creábamos historias
mucho más fascinantes que las que había al interior de ellos, pero esos libros
eran el suelo y el cielo de nuestro teatro infantil, pues ahí empezaban y allí mismo
terminaban aquellas inolvidables tardes de arte y creación.
A mis siete años estaba en
primaria, mi profesora de español era Ana Rita Ortiz, como olvidar su nombre si
así se llamaba la ranita de mi cartilla de lengua castellana, “Alameda” mi
libro favorito de preescolar porque su portada era verde oliva con una
caperucita roja saltando en un circulo centrado.
La verdad mi profe no sabía nada
de ortografía, pero era una divertida clase pues nos leía historias del libro
“Rumores de los Andes”, bueno era divertida para mí porque trataba de hacer
salir a los personajes de las páginas y posarse justo en mi aula de clase, pero
había niños que se dormían y era mejor pues había silencio absoluto, sólo se
escuchaba la voz de Ana Rita, al viento soplar casi al medio día, los murmullos
de la humanidad a distancia y nada más.
Mi salón tenía un gran balcón y
mi mirada se perdía en las nubes, me imaginaba formas, caras, objetos y hasta paisajes de bosques lejanos, de
castillos en piedra y selvas perdidas, nunca me aburría, ¿cómo iba a hacerlo? si
las lecturas lo ayudaban a uno a transformar el mundo real, me sacaban del
bullicio de la ciudad, de los gritos de la gente, del escándalo de la sociedad
y me llevaban a otro lugar, un lugar mío, sólo mío.
Ana Rita era bastante graciosa,
bueno su aspecto me refiero, era una mujer pequeña, menuda de cabello negro,
peinado de sombrilla o lámpara, y siempre se vestía con una falda en dril más
abajo de la rodilla, una camisa rojo escarlata también del mismo tono de la
falda, la camisa tenía botones chistosos, grandes forrados con la misma tela,
era malgeniada, no me quería ni un poquito pero nunca supe por qué, tal vez se
intuía que yo me reía de ella.
Me encantaba mi libro “Rumores de
los Andes” había poesías de Antonio Machado, Gustavo Adolfo Becquer, historias
de José Eustasio Rivera, tenía mitos y leyendas tradicionales de las regiones
del país, entonces juzguen ustedes si eso no era un excelente libro para unos
niños de ocho años, la portada del libro era de unas personas hablando, pero no
estaba muy claro era más bien como un abstracto, era una imagen cubista hoy en
día lo puedo asegurar, los colores, las formas y la temática de la imagen lo
dicen y ya no tengo la menor duda de ello, lo quería tanto que ni siquiera sé
por qué lo regalé, creo que me deshice de él en la adolescencia, en aquellos
momentos de la vida que uno odia todo o por lo menos yo. La peor época de mi
vida fue la adolescencia, es algo casi como para una historia de Alfred
Hitchcock, no logro entender como hay gente que dice que añora los quince.
Sí no entiendo, la adolescencia y
el bachillerato míos son buenos pero hoy que me toca escribirlos y no vivirlos
de nuevo. Empecé mi bachillerato en un colegio privado de monjas y nunca he
visto lugar más perverso que eso, les cuento; las niñas no podían ver una
figura masculina porque algo pasaba en ellas, las hormonas supongo, puede sonar
extraño, pero a esa edad yo nunca pensaba en hombres, solo quería leer cuentos
y escribir lo primero que se me ocurriera, pues bueno como yo no pensaba en eso
a una niña llamada Paula se le ocurrió empezar a mandarme cartas de amor y
chocolatinas, era bastante incomodo pues nunca he sentido ni la más mínima
atracción por las mujeres, otras niñas se encerraban en el baño a tener
profundas conversaciones con el barrendero y el jardinero del colegio, a las
que les caían mal las llevaban al bosque y les pegaban, pasé dos años en ese
antro, uno de los “mejores colegios de Bucaramanga”, yo imagino que se ganó ese
título por el costo de la pensión porque tal vez a eso sí se referían.
Las monjas nos llevaban a rezar
todos los viernes y las niñas se divertían porque perdíamos clase, luego
llegábamos y nos ponían como mil planas de “no debo reír en la capilla del
colegio”, aclaro no soy católica, respeto esta creencia, pero no la comparto. La monja de manualidades nos dejaba una puntada nueva en nuestro
dechado, gracias a Dios tengo la madre más perfecta del mundo y cuando yo
llegaba a la casa era a mi bella madre la que le tocaba la labor tanto de las
planas como de avanzar el dechado, hasta que un día cuando tenía que
presentárselo a la monja no aguanté la risa, me dijo: ¿de qué se ríe señorita
Camargo? si le quedó muy bien hecha la tarea, le dije: querrá decir a mi
madre; que es la mejor profesora del mundo, nadie se esperaba eso de mí porque
siempre era tan callada y juiciosa, pero es que uno tiene sus límites.
Como es de esperarse no continué
en ese colegio, mis padres me cambiaron al de los niños rebeldes de la ciudad,
ese era la vida real, había jóvenes drogadictos con autos convertibles que
les daban sus padres para no afrontar el problema de sus hijos, bueno su padre
o madre porque el otro andaba en Estados Unidos conociendo la estatua de la
libertad supongo o tomándose fotos con las orejitas de Micky Mouse.
En todo caso mi profesor de
filosofía y español de ese colegio eran verdaderos maestros, enseñaban a
pensar, cultivaban ese amor por el arte y las letras, quizás sería la única
forma de tener a esa prisión de locos en un aparente estado de paz.
Mi profesor de español se llamaba
Oriol era un poeta y músico frustrado, el mejor cantante para la clase,
realmente escribía letras hermosas, cantaba, tocaba la guitarra, esas eran
nuestras mañanas escolares con él, yo le tuve confianza, le conté que siempre
me había apasionado el tema de las letras y él me dio un espacio en las izadas
de bandera y eventos especiales del colegio, claro como yo le conté que escribía
para un niño del que estaba enamorada, bueno los niños porque me enamoré de
dos, a su debido tiempo claro, le pedí el favor de que los versos míos que se
leyeran fueran anónimos, mi primer amor se llamaba Juan José, era lo más
inocente que alguien puede sentir, una amiga me contó que él también estaba
enamorado de mí, y una semana antes de nuestro encuentro en una frutería, me
llamó y me dio la noticia que debía partir de viaje esa noche para Bogotá, que
su mamá se lo llevaba a vivir a Nueva York, así que mis versos quedaron en el
aire, sin dueño, con las palabras que se perdían en el vacío. Mi profesor Oriol
me dio uno de los mejores regalos que me han dado, recitó dos escritos míos en
la emisora de la Uis, dos escritos de los que eran de él, de aquel chico que
muy seguramente ya se encontraba mirando las nubes por la ventana del avión
rumbo a otro país, viendo como se alejaba del país de la Gloria Inmarcesible.
Imaginación verdadera
El negro cielo
del día
la iluminada
luz del firmamento nocturno
el silencio de
un ruiseñor
la sequía del
mar
un momento que
no tiene final.
Un sol
congelado
una lluvia que
quema
un calor que
nos hace temblar
un frío que
nos obliga a desnudar.
Un árbol sin
madera
un paraíso sin
Dios
el infierno en
el que solo estamos los dos
una flor seca
en primavera
una bella rosa
en otoño.
Un demonio
sobre una nube de algodón
una tormenta
en verano
un clima
cálido en invierno
un reloj que
gira contra el tiempo
el corcel
blanco que se arrastra por el suelo
un tulipán sin
pétalos
un ave sin
alas
una cascada
que corre hacia arriba
un unicornio
en un jardín
y, -la
historia de una sirena que nada
en el fondo de
tu corazón-
Un pez ahogado
en el océano
una llama
encendida sobre la luna
un lucero
brillando en mi mano
y en él… el
príncipe al que amo.
Solo instantes
La vida son solo
momentos
el amor son solo
instantes
no tengo más de lo
que puedo dar
y te doy todo lo
que soy.
Porque mi destino
es el tuyo
porque respiro de
ti
y porque te amo
demasiado,
tanto que deseo
morir en tus brazos,
tanto que podría
volar lejos…
... muy lejos,
hasta cansarme
hasta morir de sed.
Pensándote,
queriéndote
y deseándote como
el día a la noche
como el agua al
viento
como el alma a la
tierra.
Si pudiera decirte
decirte cuanto te
amo,
me pierdo en tus
ojos
me atrapas con tu
sonrisa.
La vida son solo
momentos
la soledad
exageradamente cruel
-solo instantes-
tan rápidos, tan
fugaces
y tan eternos para
el corazón
porque se te
escapan de las manos
porque no estás
aquí.
Solo instantes
románticos y a la
vez apasionados
no los puedes
detener
vuelan hasta un
nuevo amanecer.
Solo instantes
tan efímeros para
el reloj
Elsa Camargo Díaz, 2000
Tiempo después conocí a otro niño
llamado Emmanuel al que también le dedicaba versos anónimos, sin embargo no era
tan romántico y detallista como Juan José, de hecho era todo lo contrario,
tenía novia y me metí en líos serios cuando la novia descubrió quien era la
anónima que le escribía, igual no me importó mucho no volver a escribirle, a
decir verdad ese chico no era tan buena inspiración, es que confieso algo; no
se le puede escribir a todo el mundo o a todos los momentos de la vida, hay que
tener esa magia inspiradora para lograr al menos cuatro buenos versos, hay que
tener ese carisma tan único y especial que hace que las palabras se escriban
solas, casi sin dirigirlas, hay que estar hecho casi por las manos de Dios para
poder volverse poesía o melodía.
....
Estudié publicidad, fui modelo, viví en Bogotá, viajé por Colombia y me dediqué a vivir la vida demasiado rápido en ese tiempo, cometí errores, y aclaro, no por el hecho de ser errores me arrepiento de ello; al contrario, de los errores se aprende a ver las cosas desde una nueva perspectiva. ....
He aprendido
He aprendido además:
que si la paciencia es de sabios,
los sabios son ciegos y videntes
que los videntes son mentirosos,
que los mentirosos tienen algo de verdad,
que la verdad es relativa
y que la relatividad es respuesta de sabios.
He aprendido
a no esperar estar en la cima de una montaña
que el aire se respira escalándola,
A no sentirme sola cuando no hay nadie
que la soledad es estar conmigo al final del día.
He aprendido a no estar cuando quiero huir
que el vivir es solo un segundo
como arena en las manos,
como pétalo en la tierra
como huella en la playa.
He aprendido al final de la noche
que la vida tiene color de cielo de madrugada
cuando somos nosotros quienes lo contemplamos
no en el firmamento,
sino en esas pequeñas luces como estrellas
que se ven en las montañas a las cinco de la mañana
y tan cerca nuestro,
las luces de nuestras casas
que visten de gala el suelo cada mañana
aquellas casas, montañas y mañanas
de sueños que aniquilamos un día cualquiera.
Elsa Camargo, 9 de febrero de 2011
Tiempo después cuando disfrutaba mi vida cada segundo y ya no tenía miedo a la soledad porque me había enamorado de mí misma, conocí al hombre con la sonrisa más hermosa del mundo. Me apasionan las casualidades del destino porque pienso que no existen, pienso que en ocasiones todo el universo conspira y se ubica de manera casi perfecta para que las cosas ocurran como debe ser, en ese segundo exacto y en el lugar ideal los seres humanos hacemos historia.
El dueño de la hermosa sonrisa no es colombiano, ni tampoco de América Latina, es de tierras lejanas, del medio oriente, de esas tierras desérticas, mágicas y silenciosas. Su sonrisa es tan natural que engalana cualquier lugar y enamora al instante, es como una flecha fulminante que envenena de inmediato.
Soy tan ambiciosa que desde la primera vez que la vi quería seguir viéndola, soy tan caprichosa que un solo día no me bastaba y soy tan egoísta que no quería compartirla con el resto de la humanidad, pues sí, compartirla porque este hombre de la hermosa sonrisa, sonríe cuando compra una manzana en la calle, cuando da las gracias, cuando se siente apenado por una simple tontería pasajera, sonríe cuando le cambian un billete, cuando ve a un niño en un coche, cuando se encuentra con un perro, sonríe cuando saluda a un vecino y cuando trata de decir una palabra en español.
Sería una falta de seriedad de mi parte hablar de él y contar de qué país es, cómo se llama, cuántos años tiene, qué religión profesa, en qué trabaja o qué idioma habla.
Puedo decir que esa sonrisa es de esas sonrisas que no se olvidan ni un minuto del día, es de esas sonrisas que son como melodías que danzan al compás de las estrellas que se ven en la madrugada, es de esas sonrisas que cautivan a tal punto de hacerlo sentir a uno miserable cuando desaparece, y no debo tampoco intentar mostrarla con una foto porque no sería lo mismo que verla, que sentirla dirigida hacia alguien o algo.
Y esa es la sonrisa que me acompaña cada día desde ese entonces…
Ton amour
ton amour peut être comparé à l'immensité de la mer
quand il est tranquille
ton amour a le secret de la tendresse
il a le regard innocent d'un enfant
ton amour garde un souvenir de mon enfance
ces moments lointains de ma vie
quand je rêvait de continuer d'être une petite fille pour toujours
ton amour a le doux goût des fraises,
mon fruit favori
ton amour a le goût de la crème d'un whisky irlandais,
parce qu'il est doux, exquis
et brûle comme le feu dans l'intérieur
ton amour a l'image d'une peinture de Picasso,
un art pour des goûts exclusifs
ton amour a la foi de tout une village qui prie uni
ton amour a l'écho de la meilleure et romantique chanson d'Aerosmith
ton amour a la paix que Mahadma Gandhi gâtait
il a l'enchantement pour être la neuvième merveille du monde
il a la susurration du son de l'air
quand il court par les arbres
il a l'union des oiseaux
quand ils font son nid ensemble
ton amour a la magie que n'importe quelle personne chercherait,
- les sourires sincères -
et il a aussi
à mon coeur comme son guardían.
Con amor Elsa a Hassan
Así es que el lápiz ha trazado mi camino a través de las palabras y los lienzos le han dado ese toque de color a mis pasos. No concibo una vida sin versos, cuadros y arte desde aquel veintiuno de julio en la puerta de Sur América.




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