domingo, 28 de agosto de 2011

Just words!

Welcome!

Y la historia empieza aquí:

Mi mamá siempre me decía que las planas las ponían los profesores desocupados y que eso no servía para nada, entonces era ella quien se encargaba de esas aburridas labores en menos de diez minutos y después ella hacía el mejor rol de maestra enseñándonos a mi hermana y a mí el amor por aquel fascinante universo de las letras. Nos reuníamos las tres en las tardes a leer el oso nuboso, blanca nieves y los siete enanitos, claro la versión para niños de esta historia, la sirenita, Don huevo, y una inmensa cantidad de libros para colorear, escribirle los nombres a los personajes y dibujar conejitos rosados, ovejas verdes, aclaro la idea de ovejas verdes era de mi hermana, pero esto no era lo más divertido de todo, lo más divertido era cuando mi mamá se iba a bañar, a la cocina o a alguna de sus labores del hogar y entonces a mi ingeniosa hermana menor se le ocurría que las historias serían más interesantes si intentábamos hacer la función completa, así que nuestra favorita era sin lugar a dudas la de Don huevo recuerdo que nos íbamos a escondidas nos robábamos la caja de huevos de la nevera, ella los ponía en la mesa del comedor y yo empezaba a narrar la historia para nuestro público imaginario, bueno ni tan imaginario porque eran nuestras muñecas, en donde había una reina de belleza que hablaba inglés, una maestra de escuela a la que todos querían, una madre con dos hijos, una ejecutiva de nombre, una cantante y una veterinaria. Al salir mi joven madre, ella entendía al ver el desastre de huevos estrellados en el piso y sus dos pequeñas riendo orgullosas que no solo ella tenía mucha creatividad para mostrarnos el mundo del arte y las letras ya sean escritas o habladas, sino que sus hijas seguían su ejemplo.






A mi madre:


A: mi mamá, mi amiga, mi hermana, mi consejera, mi cómplice.


A mi madre le debo las cosas pequeñas
y grandes que me ha regalado
sin pedirme nada a cambio
a mi madre debo por ejemplo
mi primer vestido rojo hecho con sus manos a mis cuatro años
y debo por ejemplo
la compañía de mis dos hermanos
a mi madre debo lo que he aprendido acerca del respeto y la fortaleza
a mi madre le critico el olvido por sí misma
y que se haya adueñado de la inocencia femenina del mundo
porque no ha dejado ni un poco a las demás

A mi madre solo puedo quererla
y quererla a mi manera
porque ella me ha enseñado a ser auténtica
y no podría describir cuánto la quiero
porque simplemente la quiero
de una forma que ya se me olvidó contar cuánto era
a mi madre quiero escribirle algo
desde la parte sentimental de mi ser le escribo estos cortos versos,
aunque sé que se merece todo un libro,
pero un libro no puede doblarlo y guardarlo en su bolsillo
junto a su labial y su monedero

A mi madre tengo mucho que aprender
como la paciencia por el mañana,
a superar el ayer,
a limpiar las lágrimas secas
y a curar las heridas viejas,
pero sí le he aprendido a disfrutar del hoy
a mi madre podría regalarle un nieto
para que lo malcríe como hizo conmigo
o podría almacenar los recuerdos de mi infancia
y esconderlos en un cofre solo para ella
eso sí; no estarían ordenados
porque nunca aprendí que significaba esa palabra
y espero que mi madre no se sienta frustrada
por aquello

A mi madre le debo estos versos
porque ella me ha enseñado a ser cumplida
y mi corazón ya se lo había prometido en silencio.

Elsa Camargo
2010



Sí, cuatro y cinco años teníamos con mi hermana cuando todo esto empezaba a tener sentido, las consonantes, las vocales, los trazos circulares, rectos y hasta sus formas, pero era en ese preciso momento cuando todo era infinitamente divertido, pues tanto las palabras como sus formas y significados eran un mundo mágico en el cual podíamos entrar cada que lo deseáramos, voy a tratar de ser lo más sincera posible a veces pienso que a mi mamá no le agradaba mucho jugar a la peluquería, ni las muñecas con chupo que lloraban y se decidía por entretenernos con cuentos porque en el juego de la peluquería era ella nuestra cliente y en las noches cuando mi papá llegaba para dar un paseo en nuestro Jeep blanco le rogábamos que saliera así, sí, así como había quedado después de una tarde de peluquería y con respecto al chupo de las muñecas bebés que lloraban le acabábamos las pilas en media hora, pero al llegar mi padre nos compraba unas energizer, así que eso significaría no escuchar otra cosa en el paseo nocturno familiar más que el llanto de unos bebés de caucho, en cambio cuando nos llenaba de cuentos, eran silenciosos, sorprendentes y maravillosos, y estoy segura que prefería limpiar a nuestro actor favorito Don huevo que pasar por la vergüenza de salir a la calle con nuestro look de peluquería o dejar de escuchar su música preferida en la guitarra de Carlos Santana y la melodiosa voz de Dennis Rusos.
Era muy divertido comprar cuadernos, lápices y colores, mi madre se sentaba todas las tardes con nosotras y nos daba chocolates si terminábamos bien las tareas, aunque sin lugar a dudas el mejor premio eran nuestras actividades posteriores, recuerdo que mi padre leía todas las noches, tenía una biblioteca grande y mi madre nos decía que cuando aprendiéramos a leer todos los cuentos infantiles podíamos tomar uno de los libros de mi padre para leer, a excepción de “Grushenka” una novela erótica rusa, claro era un proyecto algo ambicioso, pero cuando me dejaban acercarme a los libros de mi padre era muy agradable intentar leer los títulos recuerdo haber visto “El general en su laberinto”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Tuareg”, “Ojos de fuego”, “Gabriela, clavo y canela”, “Siervo sin tierra”, la colección de “Los Reyes Malditos”, Crónica de una muerte anunciada”, entre otros.

La familia crece y llega Jorge, mi hermano menor quien sería un cómplice más de la misteriosa desaparición de algunos libros de mi padre, nos encantaba irnos hasta su habitación y entre los tres tomar uno, especialmente “Ojos de fuego” y “Cada uno con su infierno” pues nos llamaba la atención sus títulos, el diseño de la portada y la expresión de la cara de mi madre cuando los tomábamos,  salir corriendo a esconderlo a nuestras habitaciones, ¿para qué?, no lo recuerdo muy bien, pero creo que era para intentar leerlos, claro que como era obvio no podíamos pasar de la primera página porque no entendíamos ni medio párrafo, entonces los cogíamos para escaleras, rellenábamos las hojas blancas con nuestros dibujos, porque qué aburrido un texto sin dibujos, y de sillas para los juguetes, sí los juguetes que tanto nos gustaban, la barbie mariposa de mi hermana, la reina de las flores mía y el robocop de mi hermano. Sobre esos libros creábamos historias mucho más fascinantes que las que había al interior de ellos, pero esos libros eran el suelo y el cielo de nuestro teatro infantil, pues ahí empezaban y allí mismo terminaban aquellas inolvidables tardes de arte y creación.
A mis siete años estaba en primaria, mi profesora de español era Ana Rita Ortiz, como olvidar su nombre si así se llamaba la ranita de mi cartilla de lengua castellana, “Alameda” mi libro favorito de preescolar porque su portada era verde oliva con una caperucita roja saltando en un circulo centrado.
La verdad mi profe no sabía nada de ortografía, pero era una divertida clase pues nos leía historias del libro “Rumores de los Andes”, bueno era divertida para mí porque trataba de hacer salir a los personajes de las páginas y posarse justo en mi aula de clase, pero había niños que se dormían y era mejor pues había silencio absoluto, sólo se escuchaba la voz de Ana Rita, al viento soplar casi al medio día, los murmullos de la humanidad a distancia y nada más.

Mi salón tenía un gran balcón y mi mirada se perdía en las nubes, me imaginaba formas, caras, objetos  y hasta paisajes de bosques lejanos, de castillos en piedra y selvas perdidas, nunca me aburría, ¿cómo iba a hacerlo? si las lecturas lo ayudaban a uno a transformar el mundo real, me sacaban del bullicio de la ciudad, de los gritos de la gente, del escándalo de la sociedad y me llevaban a otro lugar, un lugar mío, sólo mío.
Ana Rita era bastante graciosa, bueno su aspecto me refiero, era una mujer pequeña, menuda de cabello negro, peinado de sombrilla o lámpara, y siempre se vestía con una falda en dril más abajo de la rodilla, una camisa rojo escarlata también del mismo tono de la falda, la camisa tenía botones chistosos, grandes forrados con la misma tela, era malgeniada, no me quería ni un poquito pero nunca supe por qué, tal vez se intuía que yo me reía de ella.

Me encantaba mi libro “Rumores de los Andes” había poesías de Antonio Machado, Gustavo Adolfo Becquer, historias de José Eustasio Rivera, tenía mitos y leyendas tradicionales de las regiones del país, entonces juzguen ustedes si eso no era un excelente libro para unos niños de ocho años, la portada del libro era de unas personas hablando, pero no estaba muy claro era más bien como un abstracto, era una imagen cubista hoy en día lo puedo asegurar, los colores, las formas y la temática de la imagen lo dicen y ya no tengo la menor duda de ello, lo quería tanto que ni siquiera sé por qué lo regalé, creo que me deshice de él en la adolescencia, en aquellos momentos de la vida que uno odia todo o por lo menos yo. La peor época de mi vida fue la adolescencia, es algo casi como para una historia de Alfred Hitchcock, no logro entender como hay gente que dice que añora los quince.

Sí no entiendo, la adolescencia y el bachillerato míos son buenos pero hoy que me toca escribirlos y no vivirlos de nuevo. Empecé mi bachillerato en un colegio privado de monjas y nunca he visto lugar más perverso que eso, les cuento; las niñas no podían ver una figura masculina porque algo pasaba en ellas, las hormonas supongo, puede sonar extraño, pero a esa edad yo nunca pensaba en hombres, solo quería leer cuentos y escribir lo primero que se me ocurriera, pues bueno como yo no pensaba en eso a una niña llamada Paula se le ocurrió empezar a mandarme cartas de amor y chocolatinas, era bastante incomodo pues nunca he sentido ni la más mínima atracción por las mujeres, otras niñas se encerraban en el baño a tener profundas conversaciones con el barrendero y el jardinero del colegio, a las que les caían mal las llevaban al bosque y les pegaban, pasé dos años en ese antro, uno de los “mejores colegios de Bucaramanga”, yo imagino que se ganó ese título por el costo de la pensión porque tal vez a eso sí se referían.
Las monjas nos llevaban a rezar todos los viernes y las niñas se divertían porque perdíamos clase, luego llegábamos y nos ponían como mil planas de “no debo reír en la capilla del colegio”, aclaro no soy católica, respeto esta creencia, pero no la comparto. La monja de manualidades nos dejaba una puntada nueva en nuestro dechado, gracias a Dios tengo la madre más perfecta del mundo y cuando yo llegaba a la casa era a mi bella madre la que le tocaba la labor tanto de las planas como de avanzar el dechado, hasta que un día cuando tenía que presentárselo a la monja no aguanté la risa, me dijo: ¿de qué se ríe señorita Camargo? si le quedó muy bien hecha la tarea, le dije: querrá decir a mi madre; que es la mejor profesora del mundo, nadie se esperaba eso de mí porque siempre era tan callada y juiciosa, pero es que uno tiene sus límites.
Como es de esperarse no continué en ese colegio, mis padres me cambiaron al de los niños rebeldes de la ciudad, ese era la vida real, había jóvenes drogadictos con autos convertibles que les daban sus padres para no afrontar el problema de sus hijos, bueno su padre o madre porque el otro andaba en Estados Unidos conociendo la estatua de la libertad supongo o tomándose fotos con las orejitas de Micky Mouse.
En todo caso mi profesor de filosofía y español de ese colegio eran verdaderos maestros, enseñaban a pensar, cultivaban ese amor por el arte y las letras, quizás sería la única forma de tener a esa prisión de locos en un aparente estado de paz.

Mi profesor de español se llamaba Oriol era un poeta y músico frustrado, el mejor cantante para la clase, realmente escribía letras hermosas, cantaba, tocaba la guitarra, esas eran nuestras mañanas escolares con él, yo le tuve confianza, le conté que siempre me había apasionado el tema de las letras y él me dio un espacio en las izadas de bandera y eventos especiales del colegio, claro como yo le conté que escribía para un niño del que estaba enamorada, bueno los niños porque me enamoré de dos, a su debido tiempo claro, le pedí el favor de que los versos míos que se leyeran fueran anónimos, mi primer amor se llamaba Juan José, era lo más inocente que alguien puede sentir, una amiga me contó que él también estaba enamorado de mí, y una semana antes de nuestro encuentro en una frutería, me llamó y me dio la noticia que debía partir de viaje esa noche para Bogotá, que su mamá se lo llevaba a vivir a Nueva York, así que mis versos quedaron en el aire, sin dueño, con las palabras que se perdían en el vacío. Mi profesor Oriol me dio uno de los mejores regalos que me han dado, recitó dos escritos míos en la emisora de la Uis, dos escritos de los que eran de él, de aquel chico que muy seguramente ya se encontraba mirando las nubes por la ventana del avión rumbo a otro país, viendo como se alejaba del país de la Gloria Inmarcesible.

Imaginación verdadera

El negro cielo del día
la iluminada luz del firmamento nocturno
el silencio de un ruiseñor
la sequía del mar
un momento que no tiene final.

Un sol congelado
una lluvia que quema
un calor que nos hace temblar
un frío que nos obliga a desnudar.

Un árbol sin madera
un paraíso sin Dios
el infierno en el que solo estamos los dos
una flor seca en primavera
una bella rosa en otoño.

Un demonio sobre una nube de algodón
una tormenta en verano
un clima cálido en invierno
un reloj que gira contra el tiempo
el corcel blanco que se arrastra por el suelo
un tulipán sin pétalos
un ave sin alas
una cascada que corre hacia arriba
un unicornio en un jardín
y, -la historia de una sirena que nada
en el fondo de tu corazón-

Un pez ahogado en el océano
una llama encendida sobre la luna
un lucero brillando en mi mano
y en él… el príncipe al que amo.





Elsa Camargo Díaz, 2000


Solo instantes

La vida son solo momentos
el amor son solo instantes
no tengo más de lo que puedo dar
y te doy todo lo que soy.

Porque mi destino es el tuyo
porque respiro de ti
y porque te amo demasiado,
tanto que deseo morir en tus brazos,
tanto que podría volar lejos…
... muy lejos, hasta cansarme
hasta morir de sed.

Pensándote, queriéndote
y deseándote como el día a la noche
como el agua al viento
como el alma a la tierra.

Si pudiera decirte
decirte cuanto te amo,
me pierdo en tus ojos
me atrapas con tu sonrisa.

La vida son solo momentos
la soledad exageradamente cruel
-solo instantes-
tan rápidos, tan fugaces
y tan eternos para el corazón
porque se te escapan de las manos
porque no estás aquí.

Solo instantes
románticos y a la vez apasionados
no los puedes detener
vuelan hasta un nuevo amanecer.

Solo instantes
tan efímeros para el reloj
tan eternos para el corazón.




Elsa Camargo Díaz, 2000


Tiempo después conocí a otro niño llamado Emmanuel al que también le dedicaba versos anónimos, sin embargo no era tan romántico y detallista como Juan José, de hecho era todo lo contrario, tenía novia y me metí en líos serios cuando la novia descubrió quien era la anónima que le escribía, igual no me importó mucho no volver a escribirle, a decir verdad ese chico no era tan buena inspiración, es que confieso algo; no se le puede escribir a todo el mundo o a todos los momentos de la vida, hay que tener esa magia inspiradora para lograr al menos cuatro buenos versos, hay que tener ese carisma tan único y especial que hace que las palabras se escriban solas, casi sin dirigirlas, hay que estar hecho casi por las manos de Dios para poder volverse poesía o melodía.



....

Estudié publicidad, fui modelo, viví en Bogotá, viajé por Colombia y me dediqué a vivir la vida demasiado rápido en ese tiempo, cometí errores, y aclaro, no por el hecho de ser errores me arrepiento de ello; al contrario, de los errores se aprende a ver las cosas desde una nueva perspectiva. 


He aprendido 

 He aprendido además: que si la paciencia es de sabios,
 los sabios son ciegos y videntes que los videntes son mentirosos, 
que los mentirosos tienen algo de verdad,
 que la verdad es relativa 
y que la relatividad es respuesta de sabios. 


 He aprendido 
a no esperar estar en la cima de una montaña 
que el aire se respira escalándola, 
A no sentirme sola cuando no hay nadie 
que la soledad es estar conmigo al final del día. 

He aprendido a no estar cuando quiero huir 
que el vivir es solo un segundo 
como arena en las manos, 
como pétalo en la tierra
como huella en la playa. 

He aprendido al final de la noche 
que la vida tiene color de cielo de madrugada 
cuando somos nosotros quienes lo contemplamos 
no en el firmamento, 
sino en esas pequeñas luces como estrellas 
que se ven en las montañas a las cinco de la mañana 
y tan cerca nuestro,
las luces de nuestras casas 
que visten de gala el suelo cada mañana 
aquellas casas, montañas y mañanas 
de sueños que aniquilamos un día cualquiera. 

Elsa Camargo, 9 de febrero de 2011


Tiempo después cuando disfrutaba mi vida cada segundo y ya no tenía miedo a la soledad porque me había enamorado de mí misma, conocí al hombre con la sonrisa más hermosa del mundo. Me apasionan las casualidades del destino porque pienso que no existen, pienso que en ocasiones todo el universo conspira y se ubica de manera casi perfecta para que las cosas ocurran como debe ser, en ese segundo exacto y en el lugar ideal los seres humanos hacemos historia. 
El dueño de la hermosa sonrisa no es colombiano, ni tampoco de América Latina, es de tierras lejanas, del medio oriente, de esas tierras desérticas, mágicas y silenciosas. Su sonrisa es tan natural que engalana cualquier lugar y enamora al instante, es como una flecha fulminante que envenena de inmediato. 
Soy tan ambiciosa que desde la primera vez que la vi quería seguir viéndola, soy tan caprichosa que un solo día no me bastaba y soy tan egoísta que no quería compartirla con el resto de la humanidad, pues sí, compartirla porque este hombre de la hermosa sonrisa, sonríe cuando compra una manzana en la calle, cuando da las gracias, cuando se siente apenado por una simple tontería pasajera, sonríe cuando le cambian un billete, cuando ve a un niño en un coche, cuando se encuentra con un perro, sonríe cuando saluda a un vecino y cuando trata de decir una palabra en español. 
Sería una falta de seriedad de mi parte hablar de él y contar de qué país es, cómo se llama, cuántos años tiene, qué religión profesa, en qué trabaja o qué idioma habla. 
Puedo decir que esa sonrisa es de esas sonrisas que no se olvidan ni un minuto del día, es de esas sonrisas que son como melodías que danzan al compás de las estrellas que se ven en la madrugada, es de esas sonrisas que cautivan a tal punto de hacerlo sentir a uno miserable cuando desaparece, y no debo tampoco intentar mostrarla con una foto porque no sería lo mismo que verla, que sentirla dirigida hacia alguien o algo. 

Y esa es la sonrisa que me acompaña cada día desde ese entonces… 

Ton amour
 ton amour peut être comparé à l'immensité de la mer 
quand il est tranquille 
ton amour a le secret de la tendresse 
il a le regard innocent d'un enfant 
ton amour garde un souvenir de mon enfance
ces moments lointains de ma vie 
quand je rêvait de continuer d'être une petite fille pour toujours 
ton amour a le doux goût des fraises, 
mon fruit favori 
ton amour a le goût de la crème d'un whisky irlandais, 
parce qu'il est doux, exquis 
et brûle comme le feu dans l'intérieur 
ton amour a l'image d'une peinture de Picasso, 
un art pour des goûts exclusifs 
ton amour a la foi de tout une village qui prie uni 
ton amour a l'écho de la meilleure et romantique chanson d'Aerosmith 
ton amour a la paix que Mahadma Gandhi gâtait 
il a l'enchantement pour être la neuvième merveille du monde 
il  a la susurration du son de l'air 
quand il court par les arbres 
il a l'union des oiseaux 
quand ils font son nid ensemble 
ton amour a la magie que n'importe quelle personne chercherait,
- les sourires sincères - 
et il a aussi 
à mon coeur comme son guardían. 

Con amor Elsa a Hassan 




Así es que el lápiz ha trazado mi camino a través de las palabras y los lienzos le han dado ese toque de color a mis pasos. No concibo una vida sin versos, cuadros y arte desde aquel veintiuno de julio en la puerta de Sur América.

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