Just playing...
...Jugando con el tren…
Marzo, uno de mis meses favoritos,
pienso que el mes tiene inspiración por sí solo al igual que noviembre, aunque
noviembre lo veo más oscuro, marzo es más primaveral. Las cosas agradables no
me sorprenden en marzo, así que por eso debía esperarme algo como hacer un
tren, sí hacer un tren, volver a la infancia “perdida” que llaman algunos, pero
para mí no; aún conservo esa capacidad de jugar y reír de aparentes banalidades
infantiles, algunos lo llamarán hasta inmadurez y entonces yo estoy a gusto con
ella.
Con los objetos se aprende a
proyectar un mundo desconocido, se rompen fronteras, se pone a prueba la
capacidad humana de vivir, vivir porque en ocasiones los seres humanos existen,
mas no viven con el pleno sentido de la palabra. ¿Qué sería del hombre si no se
arriesgara constantemente?, si no fuera ambicioso y quisiera conquistar otros
campos desconocidos y, ¿qué sería de la humanidad sin los niños?, aún recuerdo
cuando era niña, creo que jamás me cansaba de jugar con mis hermanos y mi mamá,
nunca me sentía satisfecha siempre quería cosas nuevas y diferentes, si mis
papás me compraban una muñeca y su casa, entonces a los cinco minutos estaba
pensando cómo hacerle ahora un hotel para ir de vez en cuando, cuando mi muñeca
se aburriera de su casa rosada además de un semáforo para el carro de la
muñeca, ¿un semáforo? Me preguntaba mi mamá y yo le respondía, sí un semáforo
como el que hay en la vía a Cúcuta.
Cuando uno es niño crea un universo mágico a su alrededor, un universo que es suyo, tan propio y único como las huellas de los dedos. Mi juguete favorito era una barbie hawaiana porque con ella podía jugar a todo y no se dañaba como las demás, a ésta barbie le corté el cabello, le cosí más, la bañaba en la piscina, me la llevaba de viaje en la maleta al lado de mis vestidos, me gustaba porque me la regaló mi mamá cuando cumplí seis años y a mi hermana cuando cumplió cinco le regaló la misma, luego nunca la volví a ver en vitrinas por curiosidad un día mi mamá la preguntó y le dijeron que ya no se conseguía, preguntó porque a la mía se le estaba rompiendo la cabeza, al escuchar la noticia nos tocó remendarla y todavía existe entre la caja de recuerdos del armario de mis padres, cada que la veo en las navidades al buscar las cajas del árbol me da nostalgia, es una mezcla de sensaciones porque recuerdo lo feliz que era cuando era niña.
También recuerdo un tren que mi
papá le había traído de Venezuela a mi hermano menor, era un tren especial, mi
papá lo compró en el antiguo malecón del centro de una ciudad, malecón que hoy
ya no existe, siempre que pienso en tren recuerdo ese tren que fue el primero
que tuve de cerca, era un tren mediano como de unos 70 cm de largo x 30 cm de
ancho, lo particular es que estaba hecho de partes de latas y tenía un extraño
sistema de humo, un resorte que no echaba humo literalmente, sino que le
saltaban y cambiaban unas pequeñas bolitas de colores.
Me gustan los trenes primero
porque son de épocas antiguas que admiro, segundo porque me agradan los
sistemas de transporte, me gusta el ingenio humano para ir de un lugar a otro
tan rápido, tercero porque representan un trayecto y en la vida eso es lo que
todos nos la pasamos haciendo, recorriendo trayectos y dejando huellas al
pasar.







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