Llevaba más de seis meses
esperando este fin de semana tan simple y cotidiano para muchos, tan complejo
para otros y tan crucial para mi familia y para mí.
Mi padre lleva casi diez años
enfermo y después de una fallida cirugía que casi le arrebata su estadía en
este mundo, éste fin de semana a diferencia de todos los anteriores le han dado
la noticia de que ha evolucionado positivamente su salud y hay esperanzas de
una buena recuperación.
Por lo general los literatos no
creen en milagros, ni en oraciones, ni en energías y me he dado cuenta que
menos en la gente; o por lo menos eso es lo que profesan constantemente, hay un dicho que dice “ten cuidado con lo que
piensas porque puede volverse palabras, ten cuidado con tus palabras porque pueden
volverse acciones y ten cuidado con tus acciones porque se vuelven hábitos”. También
dicen que no hay que creer en Dios que hay que dejarle todo a la ciencia porque
es exacta y precisa, pero que complejo es pensar en esto cuando se trata de la
vida misma que está en juego a diario, cuando en ocasiones las personas por ser
tan “estudiadas” no pueden darse el lujo de quitarse los zapatos un día sobre
la arena, la tierra mojada o la hierba de un jardín para sentir ese contacto
con la tierra misma, con el lugar en donde se está y al cual se pertenece por
derecho.
Para sobrellevar la dura carga de
esta profesión he optado por crear un personaje que me represente, sí un
personaje que no tenga etnia, ni nacionalidad fija, ni idioma, ni inclinaciones
políticas y menos religión, es decir un personaje que no pertenezca a nada y a
la vez sea parte de todo, no para vivir en ésta locura, sino únicamente para el
oficio de leer y escribir. Me ha encantado éste trastorno bipolar que he
inventado para mí porque cuando escribo soy libre por fin de mis sufrimientos y
cuando vivo estoy en una búsqueda incansable por la condición humana en conexión
con lo espiritual, casi que lo único que nos diferencia de los animales, al
decir esto imagino que muchos genios saltarán a decirme que los animales no
tienen raciocinio, que los animales no hablan que los animales no piensan y los
más ilustres dirán que los animales tienen la capacidad de soñar, pero que a
diferencia enorme del hombre no recuerdan sus sueños, yo sinceramente cuando me
detengo a analizar el comportamiento de una sociedad no encuentro ninguna
diferencia entre el uno y el otro, y si no me creen pues simplemente intenten
contradecir una idea de alguien y verán las reacciones un tanto animales de las
que les hablo.
Con las letras no se puede juzgar
al ser humano ni sus creencias porque el ser humano tal y como es; es la fuente
del arte, de la historia y de las décadas tanto caídas como venideras, es el
dueño de las culturas y los colores que alientan al universo.
Mi padre se salvó de morir en una
sala de cirugía por unas pequeñas milésimas de segundos y una sabia decisión de
dos médicos especialistas que ese día decidieron tirar por la borda su bata
blanca, su ciencia y su estudio para crear seres humanos perfectos, aquella
madrugada de mayo estuve tan intranquila, no pude dormir pensaba en mi padre y
en todas las infinitas discusiones filosóficas entre él y mi hermano,
discusiones que nunca concluían en nada, recordaba también lo felices que
éramos cuando teníamos siete años y viajábamos juntos en vacaciones recorriendo
Colombia y sus incomparables paisajes de pinturas americanas. A mi padre no le
debo la vida que cuento tan tradicionalista, monótono y aburrido; a mi padre le
agradezco el gusto que compartimos por el viaje, las letras y la fuerza para sonreírle
a la vida en un momento de tristeza y esa ingenuidad de aún; a pesar de todo
creer en las personas y a pesar de los múltiples fracasos creer también en mí.
Y si las letras, los viajes, las personas y la fe no son la totalidad más hermosa e imperfecta de un mundo para vivir y descubrir, entonces ¿qué es?
Elsa

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