viernes, 25 de mayo de 2012

Cara y sello


Llevaba más de seis meses esperando este fin de semana tan simple y cotidiano para muchos, tan complejo para otros y tan crucial para mi familia y para mí.

Mi padre lleva casi diez años enfermo y después de una fallida cirugía que casi le arrebata su estadía en este mundo, éste fin de semana a diferencia de todos los anteriores le han dado la noticia de que ha evolucionado positivamente su salud y hay esperanzas de una buena recuperación.

Por lo general los literatos no creen en milagros, ni en oraciones, ni en energías y me he dado cuenta que menos en la gente; o por lo menos eso es lo que profesan constantemente,  hay un dicho que dice “ten cuidado con lo que piensas porque puede volverse palabras, ten cuidado con tus palabras porque pueden volverse acciones y ten cuidado con tus acciones porque se vuelven hábitos”. También dicen que no hay que creer en Dios que hay que dejarle todo a la ciencia porque es exacta y precisa, pero que complejo es pensar en esto cuando se trata de la vida misma que está en juego a diario, cuando en ocasiones las personas por ser tan “estudiadas” no pueden darse el lujo de quitarse los zapatos un día sobre la arena, la tierra mojada o la hierba de un jardín para sentir ese contacto con la tierra misma, con el lugar en donde se está y al cual se pertenece por derecho.

Para sobrellevar la dura carga de esta profesión he optado por crear un personaje que me represente, sí un personaje que no tenga etnia, ni nacionalidad fija, ni idioma, ni inclinaciones políticas y menos religión, es decir un personaje que no pertenezca a nada y a la vez sea parte de todo, no para vivir en ésta locura, sino únicamente para el oficio de leer y escribir. Me ha encantado éste trastorno bipolar que he inventado para mí porque cuando escribo soy libre por fin de mis sufrimientos y cuando vivo estoy en una búsqueda incansable por la condición humana en conexión con lo espiritual, casi que lo único que nos diferencia de los animales, al decir esto imagino que muchos genios saltarán a decirme que los animales no tienen raciocinio, que los animales no hablan que los animales no piensan y los más ilustres dirán que los animales tienen la capacidad de soñar, pero que a diferencia enorme del hombre no recuerdan sus sueños, yo sinceramente cuando me detengo a analizar el comportamiento de una sociedad no encuentro ninguna diferencia entre el uno y el otro, y si no me creen pues simplemente intenten contradecir una idea de alguien y verán las reacciones un tanto animales de las que les hablo.
Con las letras no se puede juzgar al ser humano ni sus creencias porque el ser humano tal y como es; es la fuente del arte, de la historia y de las décadas tanto caídas como venideras, es el dueño de las culturas y los colores que alientan al universo.

Mi padre se salvó de morir en una sala de cirugía por unas pequeñas milésimas de segundos y una sabia decisión de dos médicos especialistas que ese día decidieron tirar por la borda su bata blanca, su ciencia y su estudio para crear seres humanos perfectos, aquella madrugada de mayo estuve tan intranquila, no pude dormir pensaba en mi padre y en todas las infinitas discusiones filosóficas entre él y mi hermano, discusiones que nunca concluían en nada, recordaba también lo felices que éramos cuando teníamos siete años y viajábamos juntos en vacaciones recorriendo Colombia y sus incomparables paisajes de pinturas americanas. A mi padre no le debo la vida que cuento tan tradicionalista, monótono y aburrido; a mi padre le agradezco el gusto que compartimos por el viaje, las letras y la fuerza para sonreírle a la vida en un momento de tristeza y esa ingenuidad de aún; a pesar de todo creer en las personas y a pesar de los múltiples fracasos creer también en mí.

Y si las letras, los viajes, las personas y la fe no son la totalidad más hermosa e imperfecta de un mundo  para vivir y descubrir, entonces ¿qué es?

Elsa 


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