lunes, 4 de junio de 2012

Dirty Street
Hay oficios difíciles, hay oficios que dan gusto, hay algunos que cuestan la vida y hay otros oficios realmente extraños, sobretodo en un país como Colombia.
Sí como Colombia en donde no se sabe a ciencia cierta si maldecir a los pésimos politiqueros que tenemos o bendecir el ingenio de las personas para sobrevivir, y no sólo sobrevivir, sino vivir con todo el sentido pleno de la palabra; definitivamente existen personas que se la gozan más que otros y he aquí uno de esos casos.
Es un joven, o mejor dicho es ya un señor de 35 años que tiene siete hijos, es el campeón nacional de cumbias peruanas, vive con una novia que tiene dieciocho años y su más reciente creación un bebé de un año de nacido. Este señor era uno de los millones de desempleados que tiene éste país tricolor, pero como era su deber y obligación darle de comer a sus hijos empezó a “rebuscársela” palabra muy común en el argot colombiano.
Y.A intentó vender minutos cerca de un garaje negocio que le duró unos pocos días, luego tuvo la genial idea de vender caramelos, gomitas y cigarrillos cosa que tampoco le funcionó, tiempo después su esposa o bueno su pareja porque realmente no están casados en un documento que así lo certifique, pero si uno es sincero el matrimonio con todo y documentos únicamente sirve para asegurar una división legal de bienes, sin embargo no garantiza el amor verdadero; asunto que a un par de personas que nada tienen más que su compañía que tanto puede importarles todo esto de papeles firmados, continuando con la historia su esposa para él, para ella y para mí también hizo empanadas para vender en el mismo lugar, y nada no sirvió tampoco, bueno esa familia tenía que buscar algo para poder vivir, para comer y pagar el arriendo de la habitación en la que viven con los seis hijos del campeón nacional de cumbias y con su nuevo bebé. Pues así un día a este genio del paso se le ocurrió la idea de pintar llantas ¿pintar llantas? ¿Qué carajos es eso?, qué tal esas ideas un tanto salidas de cualquier realidad, así fue montó con su esposa y su hijo de doce años un puesto para pintarle las llantas a los carros que pasaban.
El hombre, su familia y su kit de trabajo llegan a las nueve de la mañana todos los días al mismo lugar hace más de dos años seguidos, se ponen la pinta de trabajo, ese es otro cuento, la pinta de trabajo es un traje algo así como cuando uno va a hacer aseo los domingos o cuando va a lavar y reparar el carro, pero es su uniforme y parecería que lo lleva con orgullo, pero cómo no si es lo que les da de comer. Los implementos de trabajo son extraños no los he entendido a pesar que trato de observarlo, es un balde algo manchado de negro, un tarro de pintura blanca, un pincel delgado de esos que se usan para hacer un lienzo, sí de los mismos que se deslizan en el bastidor con óleo, y unas calcomanías que dicen “Speed”, “Fast and Furious”, “The car”, “The best”, que es evidente que Y.A no tiene ni la más remota idea de qué significan, sin embargo son en inglés y pues obvio son las que sus clientes le piden, sus clientes son taxistas y por lo general jóvenes de motos que llegan a ese mismo lugar cada cierto tiempo a que Y.A les pinte las llantas de blanco o les ponga una decoración llamativa, claro para no pasar desapercibidos como Y.A que casi parece un personaje de novela.
Y es que reconozco con mucha vergüenza por mi mal comportamiento que el día que lo vi hablando con mi mamá pensé que la iban a robar, lo juzgué por su aspecto, luego mi gentil madre me explicó que era un muchacho que estaba buscando un lugar para trabajar y que si podía hacerse enfrente de nuestra casa, eso fue hace más de dos años, y mi mamá con su nobleza envidiable no pudo resistirse a la petición de dicho personaje extraño, así que aceptó y para mi mayor sorpresa en aquel diciembre el señor y su agradecida familia le llevaron un regalo de navidad a mi madre, el regalo era una botella de vino “cariñoso” por supuesto y una caja de galletas Noel, pero ¿qué tal el detalle?, cuando ni los mejores ganaderos amigos de mi papá hacen una simple llamada en navidad, y es que definitivamente la vida es una historia que se cuenta una sola vez, en momentos estoy tan triste y veo gente tan triste por banalidades y éste campeón del baile y su familia ahorran todo el año cada centavo para dar un obsequio y para viajar a la playa en vacaciones, y claro no es un viaje con comodidades como cualquiera que pertenece a una sociedad exigente y marginadora podría imaginarse, es un viaje así sin nada con lo que vinimos todos al mundo, el cuerpo, el alma y la compañía de los que más nos quieren.
La sociedad dice que pintar llantas no es un trabajo, que las cumbias peruanas no son música, que la gente que se viste con ropa rota y sucia es delincuente y que el amor sólo es posible a través del matrimonio, también dicen que no se puede viajar sin dinero, que no se puede disfrutar de una familia sin un salario fijo y que estudiamos y pertenecemos a una sociedad para conocer la felicidad o por lo menos imaginárnosla, y les cuento que muy sinceramente no he visto a un personaje más alegre y con tantas ganas de vivir como éste que la sociedad aparta por no pertenecer a todos aquellos estereotipos sociales y él no se imagina cuán afortunado es por ello.  

Elsa

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