domingo, 26 de agosto de 2012
sábado, 4 de agosto de 2012
domingo, 29 de julio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
Dirty Street
Hay oficios difíciles, hay oficios que dan gusto, hay algunos que cuestan la vida y hay otros oficios realmente extraños, sobretodo en un país como Colombia.
Sí como Colombia en donde no se sabe a ciencia cierta si maldecir a los pésimos politiqueros que tenemos o bendecir el ingenio de las personas para sobrevivir, y no sólo sobrevivir, sino vivir con todo el sentido pleno de la palabra; definitivamente existen personas que se la gozan más que otros y he aquí uno de esos casos.
Es un joven, o mejor dicho es ya un señor de 35 años que tiene siete hijos, es el campeón nacional de cumbias peruanas, vive con una novia que tiene dieciocho años y su más reciente creación un bebé de un año de nacido. Este señor era uno de los millones de desempleados que tiene éste país tricolor, pero como era su deber y obligación darle de comer a sus hijos empezó a “rebuscársela” palabra muy común en el argot colombiano.
Y.A intentó vender minutos cerca de un garaje negocio que le duró unos pocos días, luego tuvo la genial idea de vender caramelos, gomitas y cigarrillos cosa que tampoco le funcionó, tiempo después su esposa o bueno su pareja porque realmente no están casados en un documento que así lo certifique, pero si uno es sincero el matrimonio con todo y documentos únicamente sirve para asegurar una división legal de bienes, sin embargo no garantiza el amor verdadero; asunto que a un par de personas que nada tienen más que su compañía que tanto puede importarles todo esto de papeles firmados, continuando con la historia su esposa para él, para ella y para mí también hizo empanadas para vender en el mismo lugar, y nada no sirvió tampoco, bueno esa familia tenía que buscar algo para poder vivir, para comer y pagar el arriendo de la habitación en la que viven con los seis hijos del campeón nacional de cumbias y con su nuevo bebé. Pues así un día a este genio del paso se le ocurrió la idea de pintar llantas ¿pintar llantas? ¿Qué carajos es eso?, qué tal esas ideas un tanto salidas de cualquier realidad, así fue montó con su esposa y su hijo de doce años un puesto para pintarle las llantas a los carros que pasaban.
El hombre, su familia y su kit de trabajo llegan a las nueve de la mañana todos los días al mismo lugar hace más de dos años seguidos, se ponen la pinta de trabajo, ese es otro cuento, la pinta de trabajo es un traje algo así como cuando uno va a hacer aseo los domingos o cuando va a lavar y reparar el carro, pero es su uniforme y parecería que lo lleva con orgullo, pero cómo no si es lo que les da de comer. Los implementos de trabajo son extraños no los he entendido a pesar que trato de observarlo, es un balde algo manchado de negro, un tarro de pintura blanca, un pincel delgado de esos que se usan para hacer un lienzo, sí de los mismos que se deslizan en el bastidor con óleo, y unas calcomanías que dicen “Speed”, “Fast and Furious”, “The car”, “The best”, que es evidente que Y.A no tiene ni la más remota idea de qué significan, sin embargo son en inglés y pues obvio son las que sus clientes le piden, sus clientes son taxistas y por lo general jóvenes de motos que llegan a ese mismo lugar cada cierto tiempo a que Y.A les pinte las llantas de blanco o les ponga una decoración llamativa, claro para no pasar desapercibidos como Y.A que casi parece un personaje de novela.
Y es que reconozco con mucha vergüenza por mi mal comportamiento que el día que lo vi hablando con mi mamá pensé que la iban a robar, lo juzgué por su aspecto, luego mi gentil madre me explicó que era un muchacho que estaba buscando un lugar para trabajar y que si podía hacerse enfrente de nuestra casa, eso fue hace más de dos años, y mi mamá con su nobleza envidiable no pudo resistirse a la petición de dicho personaje extraño, así que aceptó y para mi mayor sorpresa en aquel diciembre el señor y su agradecida familia le llevaron un regalo de navidad a mi madre, el regalo era una botella de vino “cariñoso” por supuesto y una caja de galletas Noel, pero ¿qué tal el detalle?, cuando ni los mejores ganaderos amigos de mi papá hacen una simple llamada en navidad, y es que definitivamente la vida es una historia que se cuenta una sola vez, en momentos estoy tan triste y veo gente tan triste por banalidades y éste campeón del baile y su familia ahorran todo el año cada centavo para dar un obsequio y para viajar a la playa en vacaciones, y claro no es un viaje con comodidades como cualquiera que pertenece a una sociedad exigente y marginadora podría imaginarse, es un viaje así sin nada con lo que vinimos todos al mundo, el cuerpo, el alma y la compañía de los que más nos quieren.
La sociedad dice que pintar llantas no es un trabajo, que las cumbias peruanas no son música, que la gente que se viste con ropa rota y sucia es delincuente y que el amor sólo es posible a través del matrimonio, también dicen que no se puede viajar sin dinero, que no se puede disfrutar de una familia sin un salario fijo y que estudiamos y pertenecemos a una sociedad para conocer la felicidad o por lo menos imaginárnosla, y les cuento que muy sinceramente no he visto a un personaje más alegre y con tantas ganas de vivir como éste que la sociedad aparta por no pertenecer a todos aquellos estereotipos sociales y él no se imagina cuán afortunado es por ello.
Elsa
viernes, 25 de mayo de 2012
Cara y sello
Llevaba más de seis meses
esperando este fin de semana tan simple y cotidiano para muchos, tan complejo
para otros y tan crucial para mi familia y para mí.
Mi padre lleva casi diez años
enfermo y después de una fallida cirugía que casi le arrebata su estadía en
este mundo, éste fin de semana a diferencia de todos los anteriores le han dado
la noticia de que ha evolucionado positivamente su salud y hay esperanzas de
una buena recuperación.
Por lo general los literatos no
creen en milagros, ni en oraciones, ni en energías y me he dado cuenta que
menos en la gente; o por lo menos eso es lo que profesan constantemente, hay un dicho que dice “ten cuidado con lo que
piensas porque puede volverse palabras, ten cuidado con tus palabras porque pueden
volverse acciones y ten cuidado con tus acciones porque se vuelven hábitos”. También
dicen que no hay que creer en Dios que hay que dejarle todo a la ciencia porque
es exacta y precisa, pero que complejo es pensar en esto cuando se trata de la
vida misma que está en juego a diario, cuando en ocasiones las personas por ser
tan “estudiadas” no pueden darse el lujo de quitarse los zapatos un día sobre
la arena, la tierra mojada o la hierba de un jardín para sentir ese contacto
con la tierra misma, con el lugar en donde se está y al cual se pertenece por
derecho.
Para sobrellevar la dura carga de
esta profesión he optado por crear un personaje que me represente, sí un
personaje que no tenga etnia, ni nacionalidad fija, ni idioma, ni inclinaciones
políticas y menos religión, es decir un personaje que no pertenezca a nada y a
la vez sea parte de todo, no para vivir en ésta locura, sino únicamente para el
oficio de leer y escribir. Me ha encantado éste trastorno bipolar que he
inventado para mí porque cuando escribo soy libre por fin de mis sufrimientos y
cuando vivo estoy en una búsqueda incansable por la condición humana en conexión
con lo espiritual, casi que lo único que nos diferencia de los animales, al
decir esto imagino que muchos genios saltarán a decirme que los animales no
tienen raciocinio, que los animales no hablan que los animales no piensan y los
más ilustres dirán que los animales tienen la capacidad de soñar, pero que a
diferencia enorme del hombre no recuerdan sus sueños, yo sinceramente cuando me
detengo a analizar el comportamiento de una sociedad no encuentro ninguna
diferencia entre el uno y el otro, y si no me creen pues simplemente intenten
contradecir una idea de alguien y verán las reacciones un tanto animales de las
que les hablo.
Con las letras no se puede juzgar
al ser humano ni sus creencias porque el ser humano tal y como es; es la fuente
del arte, de la historia y de las décadas tanto caídas como venideras, es el
dueño de las culturas y los colores que alientan al universo.
Mi padre se salvó de morir en una
sala de cirugía por unas pequeñas milésimas de segundos y una sabia decisión de
dos médicos especialistas que ese día decidieron tirar por la borda su bata
blanca, su ciencia y su estudio para crear seres humanos perfectos, aquella
madrugada de mayo estuve tan intranquila, no pude dormir pensaba en mi padre y
en todas las infinitas discusiones filosóficas entre él y mi hermano,
discusiones que nunca concluían en nada, recordaba también lo felices que
éramos cuando teníamos siete años y viajábamos juntos en vacaciones recorriendo
Colombia y sus incomparables paisajes de pinturas americanas. A mi padre no le
debo la vida que cuento tan tradicionalista, monótono y aburrido; a mi padre le
agradezco el gusto que compartimos por el viaje, las letras y la fuerza para sonreírle
a la vida en un momento de tristeza y esa ingenuidad de aún; a pesar de todo
creer en las personas y a pesar de los múltiples fracasos creer también en mí.
Y si las letras, los viajes, las personas y la fe no son la totalidad más hermosa e imperfecta de un mundo para vivir y descubrir, entonces ¿qué es?
Elsa
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George





